Aprender a practicar la empatía sin desconectarte de ti mismo es un arte relacional esencial. Descubre cómo lograrlo sin caer en la fusión emocional ni en el autoabandono, con ideas del libro La interacción de Eduardo Castellanos.
La empatía suele presentarse como una virtud incuestionable. Nos enseñan desde pequeños a ponernos en los zapatos del otro, a comprender su dolor, a sentir con ellos. Pero ¿qué pasa cuando ese ejercicio de apertura se convierte en una forma de autoabandono? ¿Cómo encontrar el equilibrio entre escuchar al otro con profundidad sin desconectarnos de nosotros mismos?
El libro La interacción de Eduardo Castellanos abre una puerta necesaria a esta reflexión. En él, la empatía no es simplemente una respuesta emocional automática, sino un ejercicio consciente, en donde también tiene cabida el cuidado propio. Aprender a empatizar sin desaparecer es un arte relacional, y una práctica que puede transformar no sólo nuestras conversaciones, sino la forma en que nos habitamos mientras habitamos el mundo del otro.
Confundir empatía con fusión emocional
Una de las trampas más comunes es creer que ser empático significa sentir exactamente lo que la otra persona está sintiendo. Esta “fusión emocional” nos arrastra, nos diluye. Podemos terminar llorando los dolores ajenos con tanta intensidad que olvidamos que no son nuestros. En La interacción se señala que el verdadero acto empático no es copiar el dolor del otro, sino estar presente con él, ofrecer un espacio seguro y consciente sin perder la conexión con uno mismo.
Empatizar, en este sentido, no significa hundirse en la tristeza ajena, sino ser un faro que acompaña sin apagarse.
Sentir empatía no significa apropiarse de los sentimientos del otro.
La importancia de los límites internos
Los límites no son barreras egoístas, sino contornos que nos permiten saber dónde terminamos nosotros y empieza el otro. Practicar la empatía sin perderte a ti mismo implica reconocer tu espacio emocional y no cederlo por completo. Cuando olvidamos nuestros límites, dejamos de ser útiles en la conversación: nos volvemos un reflejo del dolor ajeno en lugar de una presencia capaz de sostenerlo.
En el blog de La interacción se insiste en el valor de los límites como una muestra de respeto: hacia el otro y hacia ti. No se puede ofrecer algo valioso desde un lugar donde tú mismo estás desbordado.
Escuchar sin invalidarte
Escuchar con empatía no significa que tengas que estar de acuerdo con todo. Tampoco implica que debas apagar tus emociones para validar las del otro. Muchas veces creemos que ser empáticos exige negar nuestra propia visión, pero esto es un error. Es posible escuchar y comprender sin borrar tu perspectiva.
La escucha activa y compasiva que promueve La interacción se basa en el equilibrio: permites que el otro se exprese, lo acompañas, pero también reconoces lo que está vivo en ti. No es necesario elegir entre tu voz o la del otro. Hay espacio para ambas.
Escuchar activamente no significa invalidarse, si no respetar lo que el otro tiene que decir.
Reconectar contigo después de una conversación intensa
Ser empático también requiere estrategias de autocuidado. Si después de una conversación difícil te sientes drenado, con ansiedad o tristeza acumulada, eso es una señal de que algo te tocó profundamente. Está bien. Pero no te quedes ahí. Reconectar contigo, con lo que necesitas, es esencial.
Puedes escribir lo que sentiste, darte tiempo para estar en silencio, caminar, respirar. Este tipo de pausas no son lujos, son necesidades relacionales. Te permiten volver a ti, procesar lo vivido y prepararte para seguir siendo un espacio de conexión saludable.
Empatía no es sobre ti, pero tú también cuentas
Cuando alguien nos comparte algo doloroso, nuestra primera reacción puede ser contar algo similar que nos ocurrió. Parece una forma de conectar, pero muchas veces lo que el otro necesita no es una historia, sino atención plena. No desplaces el centro de la conversación. Practicar la empatía es también renunciar a protagonizarla.
Pero eso no significa que tú no importes. Sólo que hay momentos para hablar y momentos para sostener. En la sección sobre el autor, Eduardo Castellanos menciona que muchas interacciones fallan no por falta de buena intención, sino porque no sabemos cuándo hablar y cuándo callar con presencia.
Date tiempo para estar en silencio, no busques que todo vaya hacia ti.
La empatía consciente como camino de encuentro
La empatía consciente no es un impulso ni una reacción automática. Es una práctica deliberada. Implica estar presente, sí, pero también discernir. Implica cuidar al otro, pero también cuidarte a ti. Es una danza de equilibrios: entre silencio y palabra, entre presencia y límites, entre sostener y dejar ir.
Este tipo de empatía no es sólo útil en relaciones personales, también transforma los espacios de trabajo, las conversaciones cotidianas, las dinámicas familiares. Donde hay empatía consciente, hay posibilidad de transformación real.
¿Cómo empezar a practicarla?
Antes de responder, respira. Pregúntate: ¿desde dónde estoy escuchando?
Si algo te moviliza, reconócelo. Puedes empatizar sin negarte.
No te obligues a “arreglar” lo que el otro siente. Acompañar es suficiente.
Revisa tus límites: ¿te estás olvidando de ti?
Después de conversaciones complejas, date espacio para procesar.
La empatía no es un impulso o algo que nace de la noche a la mañana, es tomar conciencia.
Todos estos puntos están desarrollados con más profundidad en La interacción, un libro que invita no solo a comunicarnos mejor, sino a vivir desde un vínculo más presente y saludable.
Practicar la empatía sin perderte a ti mismo es un acto de amor. No es fácil. Pero es uno de los caminos más poderosos para crear relaciones honestas, sostenibles y verdaderas. Empieza por escucharte también a ti.
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