Conectar con los demás parece, en teoría, una habilidad natural. Desde que nacemos, interactuamos: con la mirada, con un gesto, con una palabra. Sin embargo, en la práctica, conectar de forma genuina con otra persona requiere mucho más que hablar y escuchar superficialmente. El libro La Interacción de Eduardo Castellanos nos recuerda que, en un mundo saturado de mensajes, lo que más escasea no son las oportunidades para comunicarnos, sino la calidad de esa comunicación. Y ahí es donde muchos caemos en los mismos errores una y otra vez.
Hoy exploraremos algunos de esos errores comunes al tratar de conectar con otros y, sobre todo, cómo evitarlos. Porque la conexión real no se basa únicamente en decir lo correcto, sino en la manera en que construimos un espacio donde la otra persona se sienta vista, escuchada y valorada.
Creer que escuchar es solo guardar silencio
Uno de los errores más extendidos es pensar que escuchar significa simplemente callar mientras la otra persona habla. Escuchar activamente implica involucrarse con lo que el otro dice, hacer preguntas que profundicen en su experiencia y demostrar que realmente estamos procesando la información.
Por ejemplo, si alguien te cuenta que tuvo un día difícil en el trabajo, una respuesta superficial podría ser: “Vaya, qué mal”. En cambio, una escucha activa podría sonar así: “Entiendo que haya sido pesado. ¿Qué fue lo que más te estresó hoy?”. Este cambio de enfoque es parte de lo que Castellanos explica como crear puentes de interacción genuinos.

Hablar demasiado de uno mismo
Es común querer compartir nuestras propias experiencias cuando alguien nos cuenta algo similar. Sin embargo, si esto se convierte en un patrón, terminamos robando el protagonismo a la otra persona. Una conexión real requiere equilibrio: aportar nuestras vivencias sin desplazar la historia del otro.
Según Eduardo Castellanos, esto ocurre porque, de manera inconsciente, buscamos validar nuestra perspectiva antes de comprender la del otro. Evitarlo implica practicar la paciencia y permitir que el otro complete su relato antes de introducir el nuestro.
Subestimar el lenguaje no verbal
Otro error común es centrarnos solo en las palabras, olvidando que gran parte de la conexión proviene del lenguaje no verbal: tono de voz, gestos, postura y contacto visual. Incluso si tus palabras son empáticas, un tono impaciente o una postura cerrada pueden transmitir lo contrario.
Castellanos insiste en que “la interacción no se limita a lo que decimos, sino a lo que transmitimos sin decirlo”. Tomar consciencia de nuestra comunicación no verbal nos permite alinear lo que sentimos con lo que expresamos.

Fingir interés
En una era de multitarea constante, es fácil caer en el error de simular que escuchamos mientras revisamos el teléfono o pensamos en otra cosa. El problema es que la otra persona, consciente o no, percibe esta desconexión.
La recomendación es simple pero poderosa: estar presente. Si en ese momento no puedes dar tu atención completa, es mejor ser honesto y buscar otro momento para la conversación. Esto fortalece la confianza y demuestra respeto.
Evitar conversaciones incómodas
Muchos creemos que para conectar debemos evitar todo conflicto, pero esto no es cierto. Las relaciones más sólidas no son las que nunca discuten, sino las que atraviesan los desacuerdos de forma constructiva.
El libro La Interacción plantea que la evasión constante de temas incómodos crea una distancia emocional silenciosa. Aprender a abordar diferencias con empatía, sin atacar, fortalece los lazos y fomenta la transparencia.

No adaptar el mensaje al receptor
Otro error frecuente es comunicarnos como si todos entendieran y procesaran la información igual que nosotros. Esto es especialmente problemático en entornos laborales, donde los estilos de comunicación pueden variar drásticamente.
La solución está en desarrollar sensibilidad para identificar cómo la otra persona recibe mejor la información. Algunos prefieren datos claros y directos; otros, un contexto más emocional. Adaptarse es clave para evitar malentendidos.
Creer que la conexión ocurre de forma automática
Las relaciones humanas requieren inversión de tiempo, energía y atención. Pretender que la conexión se mantendrá intacta sin esfuerzo es uno de los errores más peligrosos. Tal como explica Castellanos, “la interacción es un proceso vivo que se alimenta o se marchita con cada acto de comunicación”.
Esto significa que debemos cuidar nuestras interacciones con constancia: enviar un mensaje genuino, interesarnos por el día del otro, recordar detalles importantes. Son acciones pequeñas que tienen un impacto profundo.

Cómo evitar estos errores y conectar de verdad
Para evitar estos errores, es esencial practicar una interacción consciente, la cual combina escucha activa, autenticidad y adaptación. Algunas estrategias incluyen:
- Dedicar tiempo exclusivo a las conversaciones importantes.
- Escuchar para comprender, no para responder.
- Observar y ajustar nuestro lenguaje no verbal.
- Ser vulnerables y permitir que el otro también lo sea.
- No huir de las conversaciones incómodas.
Un cambio que impacta todas tus relaciones
Mejorar tu manera de conectar no solo transforma la calidad de tus relaciones personales, sino que también tiene efectos positivos en tu entorno laboral, social y familiar. Practicar la interacción consciente te permite crear un espacio seguro donde las personas pueden expresarse sin miedo a ser juzgadas.
Si quieres profundizar en estos conceptos y descubrir técnicas prácticas para mejorar tu comunicación, te recomiendo explorar La Interacción. Este libro no solo identifica los errores que cometemos al comunicarnos, sino que ofrece herramientas claras para corregirlos y desarrollar vínculos más auténticos.
La próxima vez que intentes conectar con alguien, recuerda: no se trata de impresionar, convencer o llenar silencios. Se trata de estar ahí, de forma completa, para el otro. Y cuando logras eso, la comunicación deja de ser solo un intercambio de palabras para convertirse en una experiencia que nutre y transforma.
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