
A veces estamos en plena conversación con amistades o conocidos, todo parece ir bien… hasta que notamos que están a punto de dormirse y a nosotros nos duele la cara de tanto hablar. Lo hemos hecho otra vez, acaparamos la conversación.
¿Cómo aprendo a escuchar?
La verdad es que a todos nos gusta compartir nuestras experiencias, después de todo, hablar de nosotros mismos es nuestro tema favorito.
La atención que se nos ofrece cuando la persona nos escucha es gratificante. Pero debemos tomar en cuenta que las personas que nos escuchan también desean ser escuchadas.
Equilibrio
Una conversación fluye gracias a la interacción entre ambas partes, alternando entre escuchar y hablar. Ser siempre quien escucha puede volverse aburrido, y ser siempre quien habla puede resultar agotador.
Dentro de este equilibrio, vale la pena considerar los siguientes puntos:
- Empatía: no somos los únicos deseosos de ser escuchados, vistos y validados. Es una sensación reconfortante y también tenemos el poder de otorgarsela a quienes nos rodean.
- No interrumpir: a pesar de la importancia de nuestra opinión, dejar que la persona termine de expresarse permite una conversación con mayor fluidez y respeto.
- Equidad en la conversación: evita acaparar los temas. Da espacio para que la otra persona participe, formule ideas y comparta su punto de vista. Una buena forma de hacerlo es haciendo preguntas genuinas.
Silencio
El silencio también comunica, aprende a escucharlo.
No es necesario hablar durante toda una conversación. Dependiendo del contexto, puede significar que están prestando atención, o es a menudo necesario para meditar una respuesta. Aunque por el lado contrario, puede significar incomodidad o aburrimiento; es esencial analizar lo que el remitente intenta comunicarnos de forma no verbal.
¿Ejerce contacto visual y asiente o se encuentra volteando hacia los lados (buscando una forma de escapar)?

¿Por qué escuchar a los demás?
Podemos aportar en una conversación puntos muy interesantes y válidos pero de igual manera, por medio de la escucha activa podemos ganar:
- Información enriquecida desde una perspectiva distinta a la nuestra
- Relaciones interpersonales de mayor calidad
- Mejora la comunicación y aumenta la confianza
Antes de hablar, considera si tu aportación es relevante para la conversación; si la respuesta es no, permite que el diálogo se desarrolle a través de la colaboración de los participantes, como si se tratara de un trabajo en equipo. De esta manera, todos cumplen su parte.
Introspección
La reflexión propia es una forma de autoconocimiento que nos permite adentrarnos en la exploración de nuestras emociones y pensamientos.
Si nuestro fin es comunicar, vale la pena cuestionarnos: ¿Cómo estoy diciendo las cosas?
¿Por qué no me siento cómodo con el silencio en una conversación?
Las palabras pesan más cuando hablamos menos; no significa que no debamos expresarlas o dejarlas fluir por otros métodos:
- Diario: una escritura reflexiva que nos permita exteriorizar nuestros pensamientos puede darnos mayor claridad.
- Meditación: dejar que los pensamientos fluyan y tomen un lugar en nuestra consciencia.
Cuando una persona se conoce y sabe conversar consigo misma, es capaz de comunicarse con mayor facilidad con su mundo externo.

Autoconciencia
A pesar de lo buenas que sean nuestras intenciones, no siempre somos capaces de expresarlas de la mejor manera, y eso es completamente normal. Sin embargo, nuestra forma de comunicación y expresión puede estar causando más daño que beneficio en nuestras amistades, compañeros o familia. Puesto que, sin querer, estamos enviando un mensaje que se traduce en:
«Me gusta ser escuchado con atención, pero al momento de escucharte pierdo el interés.» Somos percibidos como seres egoístas al no esforzarnos en escuchar atentamente a los demás.
«Solo me gusta hablar de mí.» Parece que buscamos ser el centro de atención al tomar el control de la conversación todo el tiempo.
En algún momento de la vida, todos hemos convivido con una persona así: tan dispuesta a hablar, pero en cuanto es su turno de escuchar se vuelve sorda. Nuestro papel en la conversación termina siendo el mismo que el de la pared; presente, pero sin derecho a hablar. ¿No parece dejar una sensación agradable, verdad?

Todas nuestras relaciones se benefician al encontrar un equilibrio que genere bienestar y felicidad para ambas partes. La verdad es que hasta nuestro amigo más introvertido desea tomar el control en la conversación ocasionalmente y merece ser escuchado con la misma atención que él nos presta.
La comunicación abarca distintas necesidades y retos según la persona; algunos hablamos demasiado, otros callamos mucho, pero todos compartimos el mismo objetivo: aprender a comunicarnos efectivamente
Escuchar al otro sin perder tu voz no es ceder, es encontrar un equilibrio.
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